TEXTOS

El camino más directo hacia la Felicidad

La única felicidad consiste en regocijarse con sentimiento sincero y en no afligirse jamás, sean cuales sean el lugar y la ocasión en que uno se halle.

Afirmamos que en esto consiste la felicidad verdadera, en mantener siempre la mente y el alma en un estado de tranquilidad y alegría.

Bien compuesto por todos los bienes; potencia autosuficiente para vivir bien; perfección en la virtud; recursos suficientes del ser vivo.

Una vida placentera y alegre no proviene del exterior, sino que, al contrario, es el hombre quien aplica a todo lo que le rodea placer y alegría, como sacados del manantial de su carácter.

Este artículo intenta descifrar las claves de la consecución de la felicidad. Al respecto, es fundamental y muy significativa la imagen del «atajo hacia la virtud (felicidad)» que ya los antiguos aplicaron a los cínicos, probablemente por contraposición a los estoicos, queriendo significar que los primeros ofrecían un camino más directo hacia la felicidad propia del filósofo, contrarios como eran, a diferencia de sus descendientes estoicos, a todo preámbulo de formación teórica, ya que centraban su atención exclusivamente en la ética.

¿Acaso todavía hoy tienen los cínicos algo que decirnos? En una sociedad socavada por la exclusión, en la que se codean, como en la Grecia y la Roma antiguas, la miseria más sórdida con el lujo más escandaloso, nos harían falta de nuevo censores cínicos intolerantes, capaces de fustigar la hipocresía social, capaces también de recordarnos que para vivir libres es necesario saber sacudirse el collar de las convenciones y mostrarse insolente ante los conformismos. En cuanto a sus provocaciones en el sentido de un retorno a la naturaleza, nos invitan a reflexionar sobre el carácter relativo de nuestra moral y, por consiguiente, nos incitan a la tolerancia; pero existe otro elemento que debe también darnos poderosamente un toque de atención: los cínicos, viviendo día a día su ascesis física con finalidad moral, nos invitan a una concepción distinta de la filosofía. Con Diógenes, la filosofía deja la escuela y los círculos de iniciados para descender a la calle y ayudar al individuo a vivir y a vivir bien, por tanto a ser feliz. Ahora bien, veinticuatro siglos después de Diógenes, la felicidad sigue siendo aquello que más falta le hace al hombre, sigue siendo aquello que tiene derecho a esperar de la práctica de la filosofía.

Allí donde cualquier hombre fracasa, el sabio triunfa siempre, revocando la común opinión . Y, si hubo filósofos heroicos en un sentido menos convencional y más paradójico, esos fueron los cínicos, de ahí que no pudieran ellos dejar de afirmar la felicidad de la virtud incluso en el tormento. Es una paradoja más de su filosofía, en este caso especialmente chocante, como lo eran afirmaciones no menos escandalosas como la antropofagia o el incesto. Todas estas afirmaciones de los cínicos, más que desvaríos, no eran sino resultado profundamente lógico de su afirmación de una virtud como naturaleza bestial, no domesticada en modo alguno por la civilización. Situarnos en estos extremos parece un buen modo de concluir esta exposición, ya que son ellos los que marcan verdaderamente las diferencias entre las posiciones de los cínicos y las de otros ascetas antiguos. El cínico afirma encontrar su felicidad en su virtud, pero cuando habla de «virtud», lo mismo que cuando habla de «naturaleza», no está empleando un término común, como tampoco cuando habla de «felicidad» o de «placer», en ocasiones ni siquiera, como hemos visto, cuando habla de «dóxa». La terminología aparente de las definiciones y de los planteamientos puede servir, en abstracto, para muchos filósofos. Así, lo que leemos en ese compendio de la sabiduría filosófica antigua que son las Definiciones pseudoplatónicas, bajo la entrada «Felicidad»

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