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Historias y Cuentos de Navidad

El dia antes de Navidad

Regresé a mi hogar, el día antes de la Navidad. El encontrarme nuevamente con mis diez hermanos y especialmente con mís padres fue motivo de gran gozo, ya que nuestro hogar estaba tan cerca a lo perfecto como puede estarlo un hogar Santo de los Últimos Días.
Nuestros padres siempre colgaban las medias navideñas, costumbre de los listados Unidos, en cada una de las sillas del comedor, con el nombre de cada uno de los miembros de la familia, y los pocos regalos que podían darnos los ponían encima, debajo o al lado de cada silla. Ellos me pidieron que les ayudara esa Nochebuena, algo que nunca olvidaré, y estuvimos levantados toda la noche. Después de ir hasta el granero y a otros lugares donde con mucho cariño mis amados padres habían escondido los regalos, llenamos todas las medias. Esto llevó gran parte de la noche, el resto lo pasamos conversando, mis padres me informaron del progreso de todos mis hermanos durante el tiempo en que había estado ausente y yo les hablé de los treinta meses maravillosos que había pasado como misionero en las islas Británicas y contesté a todas sus preguntas. Fue una noche inolvidable. Nunca había sentido un amor tan grande por mis padres como el que sentí esa noche. Como de costumbre, lodos mis hermanos se levantarían temprano a la mañana siguiente (En los Estados Unidos, los regalos se abren el día de Navidad, por la mañana, y no en Nochebuena) Creo que decidimos que las cinco de la mañana sería la hora mejor. Todos tuvieron que pasar primero por la cocina para tomar un vaso de leche y comer una rebanada de pan con mantequilla y miel antes de ir a la sala para ver lo que había en las medias y para abrir los regalos que había traído Papá Noel. Era un día feliz y no pude contener las lágrimas y la emoción al ver la reacción de mis seis hermanos y de mis cuatro hermanas y las expresiones cariñosas de mis padres mientras contemplaban a sus hijos gozando del espíritu navideño.
En ese momento se podía percibir el gran amor que prevalecía en nuestro círculo familiar.

Recuerdo a mi abuelo

Uno de los recuerdos más gratos de mi infancia es la visita que los abuelos Melvin nos hacían todas las mañanas del día de Navidad, en nuestra casa en Salt Lake City. Aun cuando yo tenía apenas diez años cuando mi abuelo Melvin falleció, sabía que él era un hombre muy importante en la Iglesia; no obstante, no comprendía lo que significaba ser Apóstol del Señor Jesucristo. Par a mí él era el abuelo Melvin y eso era suficiente para esperar con impaciencia su visita a nuestra casa, especialmente la mañana de la Navidad.
Recuerdo en particular una de esas mañanas, precisamente uno o dos años antes de que él falleciera, mis padres le habían regalado a mis abuelos un juego de maletas, regalo que en ese entonces me parecía muy apropiado ya que mi abuelo siempre se encontraba de viaje y nunca estaba en casa. Cuando pienso en esas hermosas mañanas de Navidad que pasaba con mis abuelos, vienen a mi mente gratos recuerdos, sobre todo porque ahora yo mismo tengo el llamamiento de miembro del Consejo de los Doce y puedo sentir mayor aprecio por las mañanas navideñas que pasé con mis abuelos. Espero que en las visitas que mis nietos me hagan y que yo les haga, pueda crear recuerdos que perduren en ellos aun después que yo me haya ido de este mundo.

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