TEXTOS

USTED ES MI HERMANO

Su entrada en el salón de emergencia dejó ver que era un vagabundo más. Caminaba con dificultad; era encorvado y estaba demacrado y cubierto de llagas. Sus ojos, privados de toda visión, estaban fijos en su propio mundo de oscuridad. La fetidez que expedía su cuerpo mal vestido era suficiente para que nadie se le acercara. Pero como médico, y siendo éste mi trabajo, le pedí que me siguiera. Mientras le examinaba, me dijo una y otra vez que estaba enfermo y que necesitaba ayuda, y después de decirme los síntomas que tenía, agregó con tristeza: — Estoy solo en este mundo y no tengo un tugar donde dormir ni nada qué comer. Mi corazón se llenó de compasión y pensé en los muchos que se encuentran en circunstancias semejantes. Pero, ¿qué podía hacer yo? Mientras le curaba hablamos de Dios. El comprendía la importancia de las enseñanzas de Jesucristo y lo necesarias que son en nuestra vida; sin embargo, le era difícil entender a quienes profesaban creer en Dios y a la vez rechazaban o no mostraban compasión por los necesitados. Conocía a personas que decían creer en Dios, pero que le habían negado un bocado aun viéndole hambriento. La única persona que le había ofrecido ayuda era una mujer casi tan pobre como él que se sostenía a sí misma y a su familia recogiendo ropa y retazos viejos para luego venderlos. Ella le había invitado a hospedarse en su casita de hojalata, donde, a pesar de ser muy pequeña y llena de moscas y ratas, se le recibía de corazón. Caminamos y hablamos durante tres horas, y aunque era ciego, podía ver con el corazón. Casi todo lo que hablamos fue acerca de Dios. El me preguntó: — Doctor, ¿cree usted en Dios? Rápidamente le dije: — Sí, y usted es mi hermano. Le respondí sin vacilación alguna, y al hacerlo, las palabras inundaron mi corazón de amor hacia mi prójimo, y me di cuenta de que lo que acababa de decir era verdad. Cuanto más conversábamos, tanto más afecto empecé a sentir por él y con gran humildad empecé a comprender lo que significaba ser un hermano. Sentí agradecimiento por la valiosa lección que me estaba dando alguien de quien yo creía que no tenía nada que ofrecer. Compartí con él mi tiempo y algo de comida, pero él me hizo comprender cosas que antes no había entendido.

Jorge Valbuena es miembro del Barrio La Paz de la Estaca Maracaibo Sur (Venezuela).

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